viernes, 5 de septiembre de 2008

Revolución Informática

Las computadoras y las telecomunicaciones se encuentran prácticamente en todas las áreas de gobierno, controlan el tráfico de las principales ciudades, están presentes en los institutos científicos y empiezan a tomar un lugar importante en los hogares y, por ejemplo, hoy una de las áreas de mayor crecimiento en la industria del software está en la producción de juegos para computadoras.
Su impacto ha sido tan radical, que hoy sería impensable el funcionamiento de la sociedad sin las tecnologías de la información. Sin embargo su número es pequeño si se compara con el total de habitantes en el planeta.



Por más de 200 años la economía mundial se sustentó en un aparato industrial en permanente expansión y perfeccionamiento técnico que logró grandes avances: de 1800 a finales del siglo XX la población mundial pasó de poco más de 900 millones de personas a 6 mil millones, un crecimiento nunca antes visto, debido en buena medida al progreso de la medicina y al aumento de la productividad en todos los campos de la economía.
En los últimos años del siglo XX la difusión masiva de las tecnologías de la información y las comunicaciones han generado la llamada revolución informática que ha dado origen a una nueva época que se conoce como sociedad de la información. El motor que impulsa la economía pasa de ser los combustibles y la electricidad a ser la información.


La globalización ha fomentado un sistema económico dominante que tiene en el procesamiento y la comunicación de información su factor estratégico, dejando atrás el viejo esquema económico industrial que giraba en torno al dominio de las fuentes de energía. Hoy, todos los ámbitos de la economía se han visto afectados de manera indirecta o directa por el uso de las microcomputadoras y las telecomunicaciones.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Ciudad de la informática

La Informática en tu bolsillo
OK, estás en la calle y tienes que hacer esa llamada telefónica urgente. Todo parece ser muy fácil: localizas un teléfono público, sacas de tu bolsillo una tarjeta telefónica, la introduces en él, marcas y listo. Lo que en realidad sucede es que pones a trabajar y a comunicar entre sí a un buen número de microchips: el que lleva el registro de tu dinero en la tarjeta, el que procesa el número telefónico al que marcas y que va descontando el dinero de tu tarjeta, el de la central telefónica que enruta tu llamada y, finalmente, el del teléfono de la persona a la que estás llamando.
Hora de pagar el cereal. De nuevo metes la mano al bolsillo y sacas tu tarjeta de crédito, un certificado informático entre tu banco y tú que te permite efectuar pagos. En la parte de atrás tiene una banda magnética en la que se almacenan tus datos de identificación, misma que la cajera pasa por un lector que los lleva hasta tu institución de crédito por medio de telecomunicaciones, en donde el pago es aprobado. ¿Sorprendido?, pues con la aprobación de tu compra apenas empieza el proceso informático: esa caja de cereal que te compraste se reporta en el inventario de la tienda como artículo vendido que necesita ser repuesto, y es marcado en la base de órdenes de compras al distribuidor y, más adelante es enviada por medios electrónicos a éste para que surta otra caja de cereal.
¡Ah!, por cierto, llegaste a tiempo al supermercado gracias a que tu reloj de pulsera también contiene informática o, en otras palabras, algunos cientos de circuitos impresos en un chip que hacen sonar la alarma a la hora que indicas, ponen en marcha el cronómetro o, simplemente, llevan la contabilidad de los pulsos de tu vida cotidiana.
En tu reloj, en las tarjetas telefónicas y las de crédito, en los códigos de barras y en las modernas cajas registradoras de las tiendas de autoservicio, en todos está presente, de manera silenciosa, la informática.