La Informática en tu bolsillo
OK, estás en la calle y tienes que hacer esa llamada telefónica urgente. Todo parece ser muy fácil: localizas un teléfono público, sacas de tu bolsillo una tarjeta telefónica, la introduces en él, marcas y listo. Lo que en realidad sucede es que pones a trabajar y a comunicar entre sí a un buen número de microchips: el que lleva el registro de tu dinero en la tarjeta, el que procesa el número telefónico al que marcas y que va descontando el dinero de tu tarjeta, el de la central telefónica que enruta tu llamada y, finalmente, el del teléfono de la persona a la que estás llamando.
Hora de pagar el cereal. De nuevo metes la mano al bolsillo y sacas tu tarjeta de crédito, un certificado informático entre tu banco y tú que te permite efectuar pagos. En la parte de atrás tiene una banda magnética en la que se almacenan tus datos de identificación, misma que la cajera pasa por un lector que los lleva hasta tu institución de crédito por medio de telecomunicaciones, en donde el pago es aprobado. ¿Sorprendido?, pues con la aprobación de tu compra apenas empieza el proceso informático: esa caja de cereal que te compraste se reporta en el inventario de la tienda como artículo vendido que necesita ser repuesto, y es marcado en la base de órdenes de compras al distribuidor y, más adelante es enviada por medios electrónicos a éste para que surta otra caja de cereal.
¡Ah!, por cierto, llegaste a tiempo al supermercado gracias a que tu reloj de pulsera también contiene informática o, en otras palabras, algunos cientos de circuitos impresos en un chip que hacen sonar la alarma a la hora que indicas, ponen en marcha el cronómetro o, simplemente, llevan la contabilidad de los pulsos de tu vida cotidiana.
En tu reloj, en las tarjetas telefónicas y las de crédito, en los códigos de barras y en las modernas cajas registradoras de las tiendas de autoservicio, en todos está presente, de manera silenciosa, la informática.
lunes, 1 de septiembre de 2008
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